Los seres humanos de manera automática saben con quién nos relacionamos para saber si podemos o no confiar en ellas. La inteligencia social es una capacidad que nos ayuda para relacionarnos con los demás de manera empática y asertiva.  

“El discurso del rey” nos enseña la forma en que nos perjudica el no desarrollar esta capacidad, trabajar la inteligencia social y poder causar un efecto positivo en uno mismo y poder transmitirlo a los demás.  

Esta capacidad nos ayuda a comunicarnos de manera efectiva, a saber, maniobrar nuestras emociones y a obtener un buen resultado como producto de nuestras interacciones sociales. 

Las personas tienen la capacidad de moldear y definir nuestros estados de ánimo y al tiempo, nosotros también influimos en ellos. Este desarrollo nos permite al mismo tiempo, conocer la forma en que funcionan las relaciones y comportarse adecuadamente en ellas. Una persona social podría reconocer las energías emocionales y orientarlas para que sean positivas. 

Diferentes estudios han logrado identificar el efecto de las interacciones sociales sobre el organismo humano y la forma en que una relación conflictiva puede, por ejemplo, alterar la presión sanguínea o la secreción de ciertas hormonas, haciendo que las personas se vuelvan mucho más vulnerables a las enfermedades.  

Con nuestra forma de relacionarnos con los otros no sólo podemos favorecer o perjudicar nuestro estado emocional, sino también producir consecuencias del otro.