Al momento de perdonar expresamos la tolerancia o comprensión ante el error ajeno, es disculpar a otro por una acción considerada como ofensa, renunciando a vengarse, o reclamar un justo castigo.

“La Cabaña”, nos cuenta la historia de Mackenzie Phillips que sufrió de maltrato físico y emocional por parte de su padre cuando tenía 13 años. Luego de recibir una extraña carta en su buzón, decide regresar a la cabaña donde su hija fue asesinada.

En ese momento conoce a Jesús, el hijo de Dios, quien lo lleva a una casa junto a un gran lago a ver a Papa-Dios junto con Sarayú, el Espíritu Santo de Dios, quienes lo ayudan a ver las cosas de una forma distinta. En esta escena muestra el reencuentro de su padre, y la reconciliación dejando atrás el pasado y perdonando los momentos amargos.

Las religiones otorgan una gran importancia al perdón. Entre los mandatos religiosos suele encontrarse la necesidad de dar a los demás una segunda oportunidad, de disculparse por las propias ofensas y de solicitar el perdón por los pecados.

Perdonar, incluso las heridas más profundas, nos otorga paz, nos quita un peso considerable de las espaldas, y nos permite seguir adelante, dejar atrás las experiencias nefastas y reconstruirnos, para volvernos más fuertes. Negarlo, por el contrario, extiende la repercusión de las ofensas que hayamos recibido, logrando que nos acompañen durante años, incluso mucho tiempo después de haber cortado la relación con nuestros agresores.